Las luchas de clases son el motor de la historia, sin ellas, no hay dialéctica ni fases evolutivas en las sociedades. Un ejemplo de esto es la crisis del capitalismo de los siglos XX y XXI. Las mismas contradicciones del capitalismo han creado sus propias crisis, no solo en la casa del imperio, sino también en sus colonias. Si analizamos América Latina, veremos el fenómeno de Venezuela, Bolivia, Ecuador, Brasil, y otros.
Recientemente en los países de África del norte, los cables de wiki leaks desenmascararon aquel oprobioso sistema feudal, que era sostenido por el imperio a costa del saqueo de las riquezas de estas naciones. Es ahí donde fracasa la tesis de este mercenario, pagado por los dueños del mundo. Predecir el fín de la historia es anti histórico, anti dialéctico, tan inverosímil como plantearse que la sangre del negro no es roja, como llegaron a sugerir los xenófogos de la primera guerra mundial. Ya ha dicho el poeta y premio nobel Eduardo Galeano, que no quiere que lo salven.